Lo que relatamos a continuación es un día cualquiera con Pili, pero queremos que lo vivas cómo si estuvieras aquí, por eso te lo describimos momento a momento:
Pili llega al piso con dos bolsas de Mercadona en cada mano. las bosas están hinchadas, hinchadísimas, vamos que el plástico no da para más. Su cara está descompuesta, resopla, parece que vaya a cagarse de un momento a otro. Pero cagarse de verdad, no cagarse de mentira; cagarse como cuando caga uno. Y mientras nos mira, nos dice: "Jo, si lo sé os llamo para que os hubierais venio', eh, ¡cómo vengo!
Y nosotros nos reímos porque la voz y el tono de Pili al hablar son una especie de música medio desafinada, medio afinada, medio viviendo en el país de las maravillas, medio pidiendo comida a la puerta de un supermercao, medio canción de Sabina borracho, medio himno esperanzado de los Nikis, ya fuera de moda. Pero así es Pili, y nosotros nos reímos.
Pili entra en la cocina, tiene que colocar las bolsas que trae. Las deja dónde puede y abre el frigorífico. Se queda mirándolo, nosotros no sabemos qué piensa en estos momentos. Quizá esté esperando que alguien de dentro del frigorífico le hable y le diga: ¡A mí, a mí, yo el siguiente! El caso es que al final empieza a colocar las cosas en la nevera, lo hace cómo Dios le dio a enteder. El frigorífico está tanto tiempo abierto que la temperatura sube, empieza a sonar la alarma y se escucha: ¡Joo, si yo no he hecho na'!
En la próxima entrada del blog te contaremos cómo Pili prepara la comida.