lunes, 1 de diciembre de 2008

... roto un paraguas, se ha caído y reprimido sus lloros por la vergüenza...

HoyPiliha ... roto un paraguas, se ha caído y reprimido sus lloros por la vergüenza...

Regresaba Pili a casa después de una dura jornada laboral en la que ha tenido que sufrir no pocas y habituales órdenes de cerebros animalizados. Mientras el agua caía con fuerza y el viento más que soplar escupia, Pili luchaba contra sus fuerzas titánicas.

La fuerza que hace navegar a los barcos y trabajar a los molinos hacía que el paraguas le indicara el camino a seguir, tambaleándola por calles asustadas y soledades llenas de gente, propias de urbe decadente, como todas; y haciendo que el debate entre mojarse y resistir ocupara sus pensamientos.

Pili agarraba el paraguas con las dos manos y miraba alrededor, como pensando que la ciudad era pueblo, y conocidos la miraban y reían, extrañamente ajenos al vendaval que asolaba mentes y marcaba días que, de otra forma, nunca hubieran sido relevantes para nuestras vidas.

Cuando Pili se disponía a cruzar una de esas calles tan bien pavimentadas en Ciudad Real (ciudad esta donde primero llueve pa'bajo y después pa'rriba, con los escupitajos de las baldosas al pisar), un empujon enrabietado del gélido cierzo ha lanzado su paraguas al vacío. Cualquiera se hubiera frenado, pero Pili es trabajadora, fuerte y responsable; no iba a ser ella la que dejara escapar un paraguas prestado a causa de un pequeño soplido que no venía a cuento. Pili agarró el mango con fuerza, y si el paraguas ha sido lanzado al vacío, Pili ha ido detrás.

Ha sido menos de un segundo, pero el movimiento visto en su conjunto se ha asemejado a engancharse al látigo de la feria en marcha. Ahora bien, cuando el grito enfadado del viento ha cesado, Pili seguía con el mango del paraguas en su mano; en el suelo, eso sí. Los diez segundos posteriores la ciudad ha sido más pueblo, más humana; los viandantes se han convertido en paisanos y han dejado de ser meros ciudadanos con vidas enjauladas en pisos adoctrinados por el consumo más recomendable en cada tiempo, en cada hora. Sus rostros se han vuelto humanos, han mirado, han sonreído; ¡más que eso! ¡Han reído! Y por un momento también han sentido el vendaval, sus peinados se han humanizado, sus vestidos se han tornado en colores otoñales pero vivos y han sido cómplices del extrovertido humanismo de Pili.

La muchacha se ha levantado, despacio, mirando alrededor, sonriendo con las mejillas como llenas de dulces melones de agua; se ha acercado a una papelera y, mientras se empapaba, ha arrojado con gracia lo que quedaba del paraguas prestado. Ha reprimido sus lloros por la vergüenza, pero no ha evitado la risa hermanada con el mundo que la rodea. Durante largos y hermosos instantes, el mundo ha sido más cielo, la ciudad más comunidad, los viandantes han sido paisanos y una pequeña multitud ha descansado como no habiendo desaprendido nada con la edad.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he reido un monton!!!! NO has pensado en dedicarte a escribir?¿?¿ La verdad es que no creo que verlo haya tenido tanta gracia como imaginarlo con tu relato.

Ana Grande

Anónimo dijo...

Madre mía que te has fumao so personaje. Pareces Antonio Gala escribiendo xDDDD

Como te pasas con Pili anda que no eres cabr... :-P

Por cierto a ver cuando me invitáis otro día a comer paella-a-la-cerilla.

Anónimo dijo...

Pues a ver si hacemos pronto una paelleja hermosa hombre.

Gracias ANa, por cierto que es mejor que te pongas nick al escribir, y así pillamos antes quien eres.

PLAZA dijo...

Bueno, ahora he sido yo el que ha aconsejado ponerse nick y no se lo ha puesto. Desde luego...