HoyPiliha... intentado limpiar la vitrocerámica, y ha recreado las cales.
"Las cales", ese lugar mítico de Tomelloso en el que los jóvenes se regocijaban en sus amores, mentían en sus quereres y se sumergían en los más oscuro de sus sentimientos. Situadas al lado de "los pinos", de descripción parecida, aunque mucho más ecológica, "las cales" han sido recurso habitual de chistes fáciles adolescentes y, a partir de hoy, recurso artístico para Pili.
Cuando uno se encuentra ante una vitrocerámica pringosa, más pegada que Don Pimpón a una cama de velcro, y más chorreante que... (me reservo la comparación) tiene dos opciones: o la deja para que la limpie el que venga detrás, o la limpia él mismo. Pues bien, Pili, en un extraño comportamiento quizá inspirado por la gracia sobrenatural, tomó la segunda opción.
Pili, una artista no frustrada, un alma libre en un mundo de colores que pinta con tanta poesía y tradición como un mayo infanteño, no puede apartar el arte de cada movimiento, de cada empresa, de cada obra de diseño; y no podía, por tanto, limpiar una vitrocerámica como cualquier mortal. Tras fregar los platos y vasos, se encaminó de un paso a los hogares ya mugrientos. Enfrentada ante lo que parecía una almazara "desfondá", agarró la botella del "limpiavitrocerámicas" (comprended que con tantas visitas no hagamos publicidad gratuita de la marca), lo giró ciento ochenta grados y apretó.
Cualquiera de nosotros habríamos dejado caer el líquido sobre la virocerámica, pero Pili imaginaba la ubre de una vaca vergonzosa, y apretó con intención. De pronto, el "limpiavitrocerámicas" se escanció sobre la superficie llena de aceite como un remolque basculante derrama el mosto. El líquido pringoso formó una especie de grueso paréntesis sobre la vitro. Pili no pudo más que recordar su infancia en "las cales", los domingos después de misa, llenándose del polvo blanco, excusa de las regañinas de las madres. La cantidad derramada permitiría a los de terrazos hacer muchos baldosines, y bien podían haber "asfaltao" las calle "los carros" de Terrazos VEN con el "limpiavitrocerámicas" que había sobre la vitro.
Pili se dio media vuelta, me miró con los ojos tan abiertos como los del niño que rompe el "vidriao", y exclamó: ¡Ay yo no quería!
Sólo unos diez minutos después y cinco balletas de ocho enjuages cada una, consiguieron retirar tal cantidad de "limpiavitrocerámicas" de la superficie. El aceite, que bien era la cantidad que Gala ha podido producir en toda una vida, se mezclaba con el líquido limpiador formando una especie de pasta de color poco descriptible, pesada como el cemento y viscosa como las guachareras de Rajoy; y Pili acarreaba sin miedo los quilos de "aceiteclen", como bien se podía llamar "aquello".
Al final, la vitrocerámica está limpia, la cocina medio curiosa, y el fregadero... bueno el fregadero parece una espuerta de Torrero.
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